3. El aterrizaje… ¿Has sido tú?

 

Estimado visitante… ¡Para el carro!

Puede haber muchas variables que te hayan traído hasta este rincón. Tal vez vengas a leer esta parte  de la historia en concreto, quizás mi pacto secreto con Google te arrastrara hasta aquí o puede que te hayas acordado de esta página y decidieras volver.

Por lo que sea y por si no lo sabes, esta historia tiene un antes y tendrá un después. Si te apetece empezar por el principio o te has perdido alguna parte, aquí tienes los enlaces:

  1. El caso… ¿Has sido tú?
  2. La caída…¿Has sido tú?

Busca entre los nombres, es muy probable que hayas tenido algo que ver.

Sobre todo, espero que te guste.

Un beso y gracias por la visita.

 

Vocaloid_Group_Love_Is_War_by_SukiHitsugaya

 

3. El aterrizaje

 

Como un habitante mas, Mocauy llegó hasta el punto de reunión y se hizo un hueco entre los presentes. En su papel de persona corriente y moliente, trabó conversación con la chica que tenía a su derecha.

—Menuda caída.

Vicky  sabía que debía andarse con cuidado con la detective pero las evidencias hablaban por si solas.

—Fue peor el aterrizaje —le dijo, señalando la parte que Mocauy no podía ver por culpa de los vecinos que tenía delante.

Intrigada, Mocauy estiró el cuello para ojear. Lo que vio la dejó perpleja, principalmente porque no había ni una sola gota de sangre.

Como había dicho Vicky, el problema había sido el aterrizaje. Ya es malo caerse por una ventana, cuanto peor que abajo te espere una especie de carro muy largo lleno de espadas, muchas espadas, expuestas en vertical con el filo hacia arriba. El término “hecho picadillo” le iba que ni pintado. El pedazo más grande de alcalde tenía el tamaño de una mano pequeña… y eran eso, trocitos. Hasta parecían de broma. ¿Cómo era posible?. Los filos tendrían que estar al rojo vivo para cauterizar los cortes.

—Increíble —susurró Mocauy.

A su izquierda, Brigit, asintió con énfasis.

—¡Y tanto!. ¡Yo tampoco había visto nunca en un mismo sitio todas las espadas que salen en El señor de los anillos!.

—¿Cómo dice? —se sorprendió Mocauy.

Leire le propinó un codazo a Brigt para que guardara silencio. Tomando cartas en el asunto, volvió a señalar hacia el carro, dónde una mujer vestida con una toga se acercaba con expresión seria. Muy apropiada, la más apropiada, dado el caso.

—Es Manuela, la forense —le explicó Leire a la detective.

—Y la abogada, asesora, correctora, notaria y jueza —apuntillo Sara, interviniendo en la conversación.

Mocauy la miró con incredulidad.

Por la expresión de Leire, Sara supo que había metido la pata. Al fijarse bien entendió que aquella mujer no era de los suyos. Un error inevitable. Era difícil saberlo. Hasta hacía poco los suyos eran bastante fáciles de reconocer. Esa apariencia humana llevaba a engaño. Se trataba a fin de cuentas de una desconocida. Le sonrió, en tensión.

—Bueno, es un pueblo pequeño. Hay que multiemplearse.

Para Mocauy estaba siendo demasiado y aún intentaba entender lo inusual del aterrizaje. Observó cada rostro sin encontrar el menor rastro de aprensión. Ella, que estaba hecha a los escenarios más increíbles, se veía afectada pero los demás mantenían un temple que desentonaba por completo. ¿Acaso les resultaba normal?. No dejaba de ser una persona que vivía con ellos… ¿ni siquiera iban a soltar alguna lagrimita?. No, por más que buscaba, nada indicaba que a los vecinos les afectase, como si lo más normal del mundo fuera acabar echo picadillo o, mejor dicho, como si eso fuera todo un acontecimiento. ¡Algunos hasta sonreían y bromeaban!. Más le valía andarse con cuidado, tanta conformidad podría implicar un peligroso caso de “sociópatas a la vista” y ella no tenía la menor intención de terminar igual que el alcalde… si es que las porciones eran del alcalde, claro.

Descartó la idea. Era el alcalde y punto. La otra opción consiguió que el corazón le diera un vuelco. Su desaparecida no podía haber terminado así, se negaba a creerlo. No, ni de broma… y a esto se aferró. El alcalde y Yaz estaban relacionados. Es más, apostaba porque la caída del alcalde había tenido algo que ver con su desaparición. Después de tantos años no iba a ignorar lo que su instinto le decía. Tenía que investigar el caso y entender qué ocultaba toda esa gente.

Se fijó en la calle con la esperanza de que los que se mantenían a distancia del escenario fueran menos insensibles… pero no. Los que no estaban allí seguían con su vida sin molestarse siquiera en parecer preocupados.

Ni luto, ni duelo ni nada. Las puertas de esos comercios de nombres tan extraños estaban abiertas de par en par. Sus ojos dieron con uno en concreto y se fijó en la mujer que estaba en el escaparate charlando con otra. Tuvo una extraña sensación… había algo en aquella mujer… tenía algo… además de unas botas preciosas. La mujer volvió a entrar en el comercio y Mocauy sacudió la cabeza para librarse de la compleja sensación. La visitaría más tarde, sin duda.

Siguió buscando… ¿Pero qué clase de negocios eran?: Dragonfly, Desde mi caldero, Fantasy World, En el país de las maravillas, Magia y hechizos eternos…. Como para intentar adivinarlo.

De vuelta al presunto accidente, alzó la vista y se encontró con la ventana del segundo piso abierta, indiscutible punto de inicio de la fatídica caída. Los cristales eran historia pero en relación con el fuego… que parecía haberse originado justo en esa misma zona…

—¿Intentaba huir del incendio? —preguntó sin dirigirse a nadie en especial.

A su lado, Ingrid habló demasiado rápido.

—Oh no, el incendio fue después.

Mocauy lo suponía. El fuego es una buena forma de borrar las pruebas.

—¿Y la policía?

—Aquí —dijo la agente Laura, apareciendo entre la multitud—. Yo me encargo de todo hasta que vengan los de arriba.

Mocauy estaba segura de que se encargaría de todo y no iba a arriesgarse a que la dejaran al margen. Decidida, sacó su placa y se la enseñó a la policía.

—Tengo autorización para intervenir, al menos hasta que se presenten sus superiores. ¿Algún problema en que eche un vistazo?.

A algunos les dio lo mismo, otros parecieron incómodos, entre ellos la agente.

—Como si estuviera en su casa —se vio obligada a decir Laura— pero tendrá que esperar. Ahí dentro las cosas aún están “calentitas”.

Mocauy asintió.

—Iré a tomar un café. Avíseme cuando sea seguro.

—Lo haré —se comprometió la agente Laura, muy a su pesar.

Es un hecho probado y más que comprobado que el mejor lugar para recabar información es el negocio de hostelería local. Todo lugareño pasa por él alguna vez y los forasteros también. Además, Mocauy necesitaba un café, quizás algo más fuerte, pero empezaría por el café.

Encontró su salvación no muy lejos. A varios soportales un bonito cartel rezaba: “Eärendil, en la Taberna dels Valar”.

Cafetería, tasca, bar, taberna, tanto le daba.  Puso rumbo fijo y en dos zancadas se encontró en la puerta lista para entrar… deteniéndose al sonido de las voces que salían del interior.

—¡Me da lo mismo! —exclamó Mari, amenazando con el dedo a su marido—. Mete ese tapiz aquí dentro y sales tú por la ventana.

El marido, Valaf, intentó explicarse.

—Pero cariño, es un dibujo acojonante. ¡Una Valkiria!.

Mari se armó de paciencia.

—Sí, me consta, como me consta que es una mujer completamente desnuda. ¿En serio pretendes ponerla entre la entrada a los baños y la máquina de dardos?. ¿Qué quieres, qué alguien termine con una de esas puntas en el ojo por ir al aseo?.

Mari fue la primera en notar la presencia de Mocauy. Con una mirada significativa, puso al tanto a Valaf. Sin palabras, sin necesidad de que él se diera la vuelta para saber que no estaban solos, con una complicidad y coordinación impecables, cambiaron de actitud y el polémico tapiz pasó a un segundo plano.

—Disculpe… pase, por favor —dijo Mari.

Mocauy entró y se dirigió a la barra. Al momento, ambos estaban tras la misma con una sonrisa cordial.

—¿Qué va a ser? —preguntó Valaf.

—Un café solo y… —Sacando la fotografía de Yaz del bolsillo, la alzó para que pudieran verla— ¿Han visto a esta mujer?

—No —respondieron a coro.

—Ya —dijo Mocauy, segura de que mentían.—. Menudo día llevan por aquí, ¿no?.

Mientras Mari preparaba el café, Valaf asumió el papel de camarero parlanchín.

—Y que lo diga, una tragedia.

Mocauy tampoco le creyó esta vez y estuvo tentada a preguntarle si la tragedia no sería por el futuro del tapiz. Cerraban filas ante sus narices, herméticos e inamovibles. Poco iba a sacar, pero tenía una duda.

—Me resulta muy curioso… ¿y todas esas espadas?, ¿tienen alguna representación?.

Mientras Mari le colocaba delante el pocillo, Valaf negó con la cabeza.

—El señor alcalde era un coleccionista muy… meticuloso. Esas espadas las mandó hacer él mismo. Loida estuvo trabajando día y noche sin parar… que mala pata tuvo… el alcalde, digo.

—Sin duda —aseguró Mocauy. Tendría que hablar con Loida—. ¿Y dice que las hizo ella?. No me pareció ver ninguna fragua por aquí.

Valaf y Mari cruzaron una mirada que implicaba cautela.

—Pues la hay. Que el edificio sea moderno no implica que no se pueda trabajar a la antigua usanza. Ya sabe, lo artesano es lo artesano y el trabajo en cadena resta valor.

—Por supuesto. —Algo no encajaba, bueno, muchas cosas no lo hacían. Su ojo crítico, el derecho, no había pasado por alto que, durante la charla, Mari había sacado de la vista un par de botellas con unas extrañas etiquetas.

Excusaba preguntar, no dirían palabra. Su investigación allí había terminado, junto con su café.

—¿Cuánto les debo?

Con una coordinación escalofriante, hablaron al mismo tiempo.

—Oh, nada. Invita la casa. Esperamos que vuelva por aquí.

—Qué amables, muchas gracias —se limitó a decir Mocauy, con la idea bien presente de no regresar a menos que fuera absolutamente necesario.

Al dejar la taberna, comprobó que la calle mantenía el mismo aspecto que tenía cuando la había dejado. Buscó entre los viandantes a la agente Laura, sin éxito. Le preocupaba que la dejara al margen pero le dio un voto de confianza.

Iba a regresar ante el edificio quemado pero una extraña música la obligó a mirar hacia otro de los comercios próximos. Como no, tenía un nombre inusual: A vuelapluma. Una tienda de música. Movida por las notas se acercó, intentando reconocer el género al que pertenecía la canción que sonaba. Imposible. Era como si alguien hubiera tragado helio para cantar a través de uno de esos distorsionadores de voz.

El local estaba abarrotado de estanterías repletas de discos compactos y de vinilo. Una zona muy iluminada atestiguaba el gusto de la propietaria por el género manga y el anime. En otra, había interminables expositores con películas y series.

Entre torres de videojuegos, Mocauy vio a una chica que parecía realmente atareada garabateando en una libreta. Varios libros de programación descansaban sobre la Xbox, tenía un lápiz colocado detrás de la oreja y con la mano libre tecleaba en el móvil.

—Perdone que le moleste…

Elisa levantó la cabeza para mirar a la recién llegada.

 –Sin problema, déjeme tuitear una cosa y ya la atiendo.

—No se preocupe, no la entretendré ni un segundo —aseguró Mocauy, con la foto de Yaz ya en la mano. Casi, casi casi, se olvida de su investigación.

Elisa dejó el móvil y le sonrió.

—Se lo agradezco, aún tengo muchísimo que hacer.

—Seguro, iré al grano. Lo primero: ¿Ha visto a esta chica?.

Elisa ignoró la foto. Tras Mocauy, a través del escaparate de la tienda, vio a dos personas que atravesaron la calle como una exhalación, a la carrera, rápidas como centellas, imposibles de reconocer al ir cubiertas de ceniza.

—Yo diría que no. No la he visto, no.

Mocauy iba a darse la vuelta para mirar, porque algo miraba la dependienta, pero estaba demasiado intrigada para posponer más la pregunta que quería hacer.

—Esta música que suena… ¿Qué demonios es?.

Con una carcajada, Elisa cogió uno de los discos compactos y se lo tendió a la detective.

 —Se llama Vocaloid.

Mocauy observó el CD unos segundos antes de devolvérselo. En la caratula se encontraban esos dibujos japoneses que le resultaban tan complicados. Debería haberlo supuesto. Al menos en su visita al pueblo había aprendido algo más.

Antes de que la detective pudiera comentar algo, la agente Laura entró en la tienda y fue directa hacia ella. Elisa apagó la música y se puso a buscar otro CD.

—Ya se puede entrar en el edificio. ¿Sigue queriendo acompañarme?.

Mocauy asintió rotunda. Tras el respiro, volvía a estar a pleno rendimiento. Quería saber qué estaba pasando allí y, sobre todo, dónde estaba Yaz.

Laura dejó pasar primero a la detective y, cuando esta salió a la calle, le hizo un gesto a Elisa.

La dependienta sonrió orgullosa. Había cumplido su parte entreteniendo a Mocauy. Con magia o sin ella, una Sirena siempre conoce la mejor melodía para atraer a los demás.

 

 

 

Precisamente es la Sirena quien cierra el capítulo de hoy con esta canción que he mangado en su blog, muy apropiada para desearos un fantástico fin de semana:

 

 

 

Nota: Me he agenciado vuestros nombres, si, os avisé. La mayoría son de los que comentáis o habéis comentado varias veces, también estarán en ella blogueros a los que yo sigo y algunos de los que le habéis dado al “me gusta” en facebook. Desconocido, Misterioso, Discreto, y demás corresponden a los que no he podido meter o no conozco. La historia se divide en varias partes que iré subiendo a los pocos y terminará antes de fin de año. Con esto resuelvo un caso y la felicitación navideña del blog… que me he quedado sin postales 😉

En cualquier caso, espero que os guste.

Besos y gracias por pasaros.

 

 

 

 

¿No has sido tú?… No sé yo. Esto continúa en:

4. La biblioteca… ¿Has sido tú?

 

 

 

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16 Responses to 3. El aterrizaje… ¿Has sido tú?

  1. Valaf 20 diciembre, 2013 at 16:57 #

    jajajajajajaja………….. (ummm, creo que no hay muchos y no me salgo)……»Mete ese tapiz aquí dentro y sales tú por la ventana»…

    EXACTO, O LA CONOCES EN PERSONA O DIRÍAS LO MISMO, jajajajajaja…

    Ahhhhh, gracias, gracias, gracias…PERO NOSOTROS NO HEMOS SIDO, o al menos eso creo, jajajajajaja…yo ya no aventuro hipótesis ninguna porque el desenlace puede ser del todo inesperado, o sea, me espero a ver qué pasa, peroooo…¿espadas? ¿¿encima artesanas??, en serio, NPI, ME ESPERO. Ya verás cuando lo lea Mari, jajajajajajaja…

    Un bezazo!!!!!

    • nesa 20 diciembre, 2013 at 23:21 #

      Sin ninguna duda……………… ¡¡Yo habría hecho lo mismo!! jajajaja…
      Me alegra que te guste pero….. ¿Estás seguro de que no habéis tenido que ver?. Esas botellas con etiquetas extrañas… no me fío ni un pelo!!!! jajaja…
      Un besazo y muchas gracias por pasarte!!

  2. Mere 20 diciembre, 2013 at 19:31 #

    Pensé que el barrio concurrido de blogueros era solo un pequeño guiño. Pero ahora descubro que vas mucho más allá, son protagonistas de todo este maravilloso entuerto.
    Diría que los has calcado 😀

    Un beso

    • nesa 20 diciembre, 2013 at 23:23 #

      Sí que lo son, bueno, lo eres je, je.
      No pierdas de vista a la mujer que estaba en el escaparate, la de las botas preciosas. La conoces, también a otras… y tú tampoco te salvas de aparecer en persona 😉
      Me alegra que te guste.
      Un beso y muchas gracias por pasarte.

  3. Mari 20 diciembre, 2013 at 21:34 #

    ¡Uy!…Hartita de valquirias me tiene este tabernero…jaja. ¡¡Si pone el tapiz, a dormir al bosque!!…jaja…;P

    Encantada, Nesa. Me ha dicho mi marido que salíamos en una historia por capítulos, así que mejor leo los dos primeros -De este sólo he leído lo del tapiz a indicación suya.

    Te leo…;)))
    B7s

  4. Mari 20 diciembre, 2013 at 21:49 #

    Me da que tiene que ver con ese suelo embaldosado del capítulo 2…¡¡Parecen lingotes de oro!! -Jordi dice que no, pero me da haber visto algo de eso en la bodega…jaja…;P

    Chica, te cuento que me encanta cómo escribes. Algo hago a mano y no es tarea sencilla hilvanar historias largas. Con tu permiso iré visitándote…;))

    Encantada
    B7s

    • nesa 20 diciembre, 2013 at 23:26 #

      ¡Hola, Mari!
      ¡Me alegra un montón verte por aquí y que te guste la historia!.
      jajaja.. me creo lo de las valkirias.
      Pues no se me había ocurrido lo de los lingotes de oro… pero es buena idea…. Y, bueno, si algo has visto en la bodega yo no soy quién para discutirlo jejeje.
      Esta es tu casa y vuestros papeles un intento de agradecer el buen trato de los taberneros 🙂
      Un besazo y mil gracias por pasarte.

  5. Mientrasleo 21 diciembre, 2013 at 0:04 #

    Ostras que bueno… oye, mañana más, no?
    Di que sí, anda… di que sí
    Besos

    • nesa 21 diciembre, 2013 at 0:21 #

      jajaja… el lunes, el lunes vuelvo… y esas botas… jajaja…
      ¡Me alegra un montón que te esté gustando!
      Besos y gracias por pasarte.

  6. mocauy 23 diciembre, 2013 at 23:30 #

    cada entrega mas buena,mas completa y entretenida…saldrá mocauy del pueblo?
    FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!!

    • nesa 24 diciembre, 2013 at 1:33 #

      A ver, a ver… puede que si, puede que no… Muahahaha
      Yo diría que parece muy perspicaz. Si, tiene todas las papeletas para salir… puede que bien, puede que mal 😉
      Muchas gracias por pasarte, besos y…
      ¡¡Feliz Navidad!!

      • Blacquier 31 diciembre, 2013 at 19:43 #

        Si sale a trocitos yo no me opongo. Firmado: La Arpía vengativa. Muahahahahah.

  7. Blacquier 31 diciembre, 2013 at 19:42 #

    «Había algo en aquella mujer… tenía algo… además de unas botas preciosas» jajajaja, me parto (Cómo eran las botas?) Y también que puñetera casualidad caer encima de las espadas que están todas de punta al cielo… ah!!, vale, que no es casualidad, muahahaha, lo imaginaba, algo así de ridículo y torpe solo podría pasarle a Mocauy (Sí, sigue sin gustarme que ella sea la prota)
    Me está encantando este cuento tuyo, besitos y ya sabes, nos vemos en el capi 4.

    • nesa 2 enero, 2014 at 23:31 #

      jajaja… ya sabía yo que te ibas a quedar con lo de las botas. Pues que sepas que es verdad, Mientras Leo tiene unas botas preciosas… y son varias… y sí, estoy verde de envidia 😉
      No, la casualidad no existe Muahahahaha
      Pobre Mocauy…
      Besos y gracias por tu comentario!!

  8. sisi 16 enero, 2014 at 1:38 #

    vale estoy un poco atrasada con las entradas, la universidad me trae loca, pero me ha encantado esta trama, nesa definitivamente se te da el misterio, dios en ese pueblo estan todos locos! ¿quien es el asesino?… buenisimo tu trabajo, como siempre. un beso.

    • Nesa 16 enero, 2014 at 2:38 #

      Lo primero es lo primero Sisi, suerte en la universidad!!
      Si que estan locos… pero a mi no me engañas eh!! Que seguro que también has tenido algo que ver 😉
      Un beso y muchas gracias por pasarte!

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