Para la ocasión, el extenso salón principal del convento había sido adornado con motivos festivos y se había instalado una tarima con un micrófono, para las presentaciones y los discursos del final de la velada. Varias pantallas reproducían instantáneas del pueblo y sus lugares, mientras el lugar estaba repleto de gente.
Hacía siglos que Cayetana no se ponía un vestido. Como todo, era parte del pasado por lo que no se encontraba especialmente cómoda y aguardaba estática en una esquina, aferrando su estrecha cartera de mano con cierto temor.
No terminaba de asumir que padres y vecinos se dieran cita allí como si el comienzo del curso fuera algo de trascendental relevancia.
Al entrar, cientos de rostros parecieron volverse hacia ella obligándola a contener el aliento. Dudó por si su atuendo sería apropiado pero este, teniendo en cuenta el desfile ante ella, no era el motivo.
En su elegante vestido negro, de corte largo con un poco de cola, lucía un recogido del que varios rizos caían libremente guardando sencillez tras las primeras comparaciones. Sin duda tanta atención era por ser la novedad y deseó que Violeta apareciera pronto, consciente de que con ella en escena si dejarían de mirarla.
Con una sonrisa cortés, se aproximó al grupo hecho por el veterinario y el Sr. Caruso.
— vaya Srta. Santana —saludó el corpulento tendero, enfundado en un apretado traje—. Casi no se la reconoce. ¡Está usted preciosa! —exclamó sin remilgos y sincero.
Rió divertida por la afabilidad que le transmitía aquel hombre— Muchas gracias —convino tragándose la vergüenza. Caruso era tan natural que contagiaba.
Junto a él, el veterinario se apresuró a asentir y hacerse notar un tanto intimidado— Srta. Santana —la saludó inseguro tendiéndole la mano—. Soy Mark, el veterinario del pueblo —se presentó.
Caye le dio un apretón levemente firme— Encantada. Lo cierto es que estuve a punto de ir a hablar con usted para ver si podía conseguirme un perro, ahora que tengo finca es una pena no darle uso —explicó ocultando el verdadero motivo que la dejaría como una autentica paranoica.
Los ojos marrón verdoso del veterinario relucieron encantados— por supuesto, por aquí los perros no son muy apreciados. ¿Qué raza quería? —preguntó más confiado. Aquel era su terreno y en él se sentía cómodo.
Caye dudó— bueno, no sé… siempre me han gustado los perros grandes —respondió con toda la normalidad que pudo—. Dogo, presa canario…
El veterinario parpadeó confuso— vaya, perros de defensa —señaló automáticamente.
El tendero no dudó en apoyarla— bueno, es guapa y vive sola. Hace bien.
Caye le sonrió agradecida— Me gustan estéticamente y sí, en parte es por defensa —reconoció tratando de ganarse al reticente veterinario.
— Esos animales deben tener una educación y un control… –comenzó a decir.
Caye lo detuvo— sé qué clase de perro son y también que no se trata de un juguete, entiendo su preocupación ya que no nos conocemos, pero podré educarlo para que no sea una amenaza —expresó con cierta seriedad. A todas luces se llevaba mucho mejor con los animales que con las personas.
Aun así, Mark no cesó en su advertencia— podría conseguirle un presa canario pero ya tiene diez meses y sin duda su dueño anterior no lo ha educado —planteó con intención de quitarle la idea.
Caye asintió conforme— perfecto, pasaré esta semana a por él —repuso sin darle opción a réplica, dejándolo más bien perplejo y buscando con la mirada alguien conocido.
Mark meneó la cabeza. Mucho no podría saber aceptando a un cachorro con tanto tiempo.
— Bueno, creo que iré a saludar a las hermanas —añadió a modo de despedida haciéndole un guiño despreocupado a Caruso.
Ж
El calor comenzaba a marearla pero Ángela no dijo nada. Soportaba con resignación como su hermana trataba de enredar al teniente, que solo se reunió con ellas para hablarle a la pequeña.
Mientras Niara parloteaba, ella lanzaba fugaces miradas hacia Sebas. Algo pasaba en la pandilla, estaban raros pero nadie más parecía notarlo.
En una de sus observaciones, sus ojos cuadraron con los de su compañero. Abochornada, Ángela sintió como se ponía roja y apartó la mirada veloz para ver a su hermana con un gesto que la hizo olvidarse de Sebas y del mundo.
Si las miradas matasen su objetivo estaría ya fulminado. Era puro odio tan perceptible que le chocó. Niara siempre era comedida sobre todo si Damián estaba cerca.
Intrigada, Ángela siguió aquella mirada intensa hasta detenerse en la silueta de Cayetana, que charlaba animada con la madre Celia.
Realmente su profesora estaba impresionante con aquel vestido y vio por los gestos, que tanto Damián como los restantes invitados coincidían con su valoración… lo que aun afiló más la mirada celosa de Niara.
Ángela luchó por no sonreírse. Que bien le venía aquella cura de humildad a su pariente y aun apreció más a la maestra. Sin planteárselo, buscó a Sebas que, con los suyos, reflejaba la impresión hacia la siempre discreta Cayetana.
Sintiéndose un tanto abatida, Ángela volvió a recordar a la chica de sus visiones. Si ella estuviera allí, arrancaría aun más admiración que la docente lo que no hacía otra cosa que tacharla de fantasías. Ese tipo de mujeres solo existen en las películas.
Perdida en sus fantasías, mantuvo su mirada hacia el grupo de Sebas y notó como se le escapaba el aire al volver a encontrar sus ojos. Que le sonriera amistoso antes de volver a atender a los suyos casi logra que se caiga redonda.
— ¿Ángela? —dudó Damián sobresaltándola y, así la menor se puso totalmente roja, le sonrió divertido.
Cazada, la menor solo pidió que no diera con el causante de su rubor o a saber cuánto se burlaría. No, Damián no curiosearía porque si debía saberlo, ella misma se lo diría.
Que Niara saliera de sus recelos colocándose una careta triunfal estropeó el receso ya que volvió a acaparar a Damián. Resignada, entendiendo que su hermana tramaba algo y consciente de que si Damián seguía allí era solo por ella, Ángela se despidió para regresar con su reducido grupo de amigos, mermado porque Nicol tampoco se dejaría ver esa noche.
Posiblemente eso mantuviera en jaque a la pandilla de Sebas que se centraban en recorrer el lugar con sus ojos como si estuvieran vigilando algo. No, era más que Nicol, podía intuirlo… y también tenía que ver con Cayetana… aquello era muy raro pero se vio obligada a dejar de darle vueltas porque el sofoco iba en aumento.
Demasiado esfuerzo y si se caía redonda solo reafirmaría su condición de enferma… a demás de darle a Niara la oportunidad de hacer un drama para alcanzar el hombro del teniente.
No, no le haría eso a Damián que ya empezaba a intentar despachar a la obstinada joven de la forma más diplomática posible.
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James aguardaba a las puertas del convento mientras apuraba un pitillo concediéndose un descanso. Dentro dejaba a una pandilla de adolescentes cotillas, al venerable Teniente y su segundo, a una religiosa que era todo un misterio, a un montón de gente que despreciaba y, siendo honestos, a una profesora de lo más interesante.
Cayetana estaba más que favorecida con aquel atuendo que sabía llevar desvelando una cuna que se afanaba en ocultar. Lamentablemente, así cuadró sus ojos con ella, vio su persistente recelo.
Aun no había decidido como llevaría a cabo un segundo asalto entre tanta desconfianza y tanto entrometido. Los adolescentes iban a ser un estorbo seguro, más que el propio Teniente que por lo de pronto se las veía con Niara.
Por suerte para él el acoso de la peculiar vecina era cada vez menor, al entender que no lograría más que sus desprecios, lo que le costó bastante asumir.
Y ante sus ojos, llegó la que faltaba deteniendo con soltura su todoterreno de lujo en el aparcamiento.
Así Violeta bajo del coche los pocos que se encontraban por allí la contemplaron boquiabiertos.
No llevaba un provocativo vestido como podía lucir Niara, no lo necesitaba y su éxito y su clase la hacían decantarse por la insinuación, no lo explicito. James se sonrió complacido entendiendo que llegaba cuando ya todos estaban presentes para hacerlos caer de bruces con su aparición.
Podía permitírselo y no lo desaprovechaba. Iba a ser una fiesta interesante, pues la recién llegada blandía el estandarte competitivo, aunque solo Niara se sumaría a su juego perdiendo.
En cuanto la tuvo a su altura, James la saludó con una inclinación de cabeza— Violeta, estás preciosa.
Del mismo modo que en la plaza, así su gesto fuera todo dulzura, no se correspondía con sus palabras.
— Esa es la idea —resaltó confiada sin intención de ser amistosa.
James se rió divertido y señaló hacia el aparcamiento— como se nota que no necesitas que te lleven —le recordó mordaz.
Lejos de molestarse o abochornarse por ser descubierta, Vio asintió conforme.
– Como se nota cuanto nos conocemos —se despidió pasando de largo para adentrarse en aquella infraestructura.
Así no diera señas, estaba nerviosa. No era su gente, su terreno acostumbrado.
Estaba acostumbrada a recibir atenciones pero aquello fue como si el lugar al completo se volviera para mirarla.
Sonriendo tímidamente a los pocos rostros conocidos en su avance, no terminaba de sentirse cómoda, rezando por encontrarse con alguien más cercano para aferrarse a él.
Caminando con lentitud, situó sus posibles salvavidas.
Tenía a Cayetana con las monjas al otro extremo de la sala, tendría que pasar entre un centenar de personas desconocidas que, afortunadamente, limitaban sus miradas a vistazos furtivos.
Reconoció a Eric en una de las terrazas… también lejos por lo que, así encontró a Damián a unos metros hablando con un matrimonio de mediana edad que tenían los ojos puestos en ella, no se lo pensó dos veces.
Damián no supo bien cómo reaccionar al ver que Violeta enfilaba hacia él sonriente. El nudo en la garganta casi le impidió atender al matrimonio Lean que comentaba lo tranquilo que era el pueblo y que normal que Violeta, claramente de ciudad, se sintiera bien allí.
En cuanto había entrado, su nombre se encontró en boca de todos por la novedad, la belleza y el semblante comedido, que Damián dio por supuesto como falso.
Así vio el avance de la nueva vecina, Marta Lean le dio un codazo a su marido para que no se le ocurriera contradecirla.
— Oh bueno… nosotros nos vamos con los chicos —se apresuró a decir.
Damián vio la jugada y la aceptó resignado. Llevaban años tratando de emparejarlo con quien fuera, normal que si la chica era guapa y aparentemente agradable doblaran el empeño.
Así como el matrimonio se iba por un lado, Violeta llegó por el contrario.
— Hola Damián —saludó confiada al llegar a su altura.
Damián no fue consciente de lo que había pasado hasta transcurridos unos segundos. Teniéndola tan cerca su cabeza cedió ante el agradable aroma que desprendía.
— Violeta —devolvió inclinándose para darle dos besos inofensivos a modo de saludo, con tanta facilidad como si lo hubieran estado ensayándolo.
— Estás estupendo —lo felicitó sincera dejando un leve paso entre ambos.
Damián se sintió como un estúpido por lo bien que le hizo sentir aquello que no tenía que ser cierto viniendo de quien venía.
— Igualmente —se obligó a decir—. ¿Qué te parece? —añadió un tanto nervioso buscando a Caye y a Eric con la mirada a un paso de pedir auxilio. Violeta lo desconcertaba demasiado como para hacerle frente solo.
— Una iglesia grande —respondió Vio un tanto impresionada por ello—. Se me hace un poco raro.
Damián se rió condescendiente— no me refería a eso… –iba a ser mas concreto pero optó por no molestarse. Igual no le gustaba lo que dijera de su gente, cuyos rostros brillaban con las letras de paletos en comparación con ella.
— ah, la fiesta —cayó al fin Vio observando su alrededor—. Está muy bien —respondió diplomática tragándose la puntilla de “para un pueblo”. Nunca es inteligente ofender al defensor del lugar y menos si también era un apoyo. Aun no tenía claro como estaban las cosas con Caye, aunque las solucionaría.
Damián se dio cuenta de que estaba perdida en sus cavilaciones y contemplaba a Cayetana, quien había dejado de mirarla. En un intento conciliador, Damián tanteó como estaban las cosas entre ellas.
— ¿Ya has saludado a Cayetana? También está muy guapa —concedió sincero estudiando el perfil de Violeta.
Vio lo miró de frente y se sonrió orgullosa— Es muy guapa —puntualizó con cierta nota de advertencia, antes de volver a perder la mirada en su dirección—, y una verdadera pena como se empeña en disimularlo —dijo más para sí misma.
Damián entendió a qué se refería James con lealtad fraternal. De un modo extraño, Violeta quería a su hermana y eso era un punto favorable, sumado a unos ojos impresionantes.
Sí, él había caído como un imbécil en sus coqueteos.
Al sentir una mano en su hombro a modo de caricia sugerente, una punzada de angustia lo azuzó, encontrándose con la mejor de las sonrisas que Niara podía dedicarle.
— Damián —saludó antes de encarar a Violeta que sonreía despreocupada—. Niara —se presentó tendiéndole la mano.
En contraste con la clara territorialidad de la autóctona, Vio amplio la sonrisa e, ignorando la mano, le plantó dos besos dejándola un tanto trastocada.
— Violeta —nombró con un pestañeo inocente.
Niara luchó por recobrarse de aquel asalto— Venía a ver si el Teniente me sacaba a bailar.
Damián sintió como se le agarrotaba el cuerpo pues la mano de Niara parecía cerrarse sobre su hombro como una trampa y con más urgencia que nunca buscó ayuda. Lo que encontró no le gustó lo más mínimo. Eric se desentendió cobarde, Cayetana se sonrió maliciosa, y hasta James le hizo un guiño burlón.
Tendría que salvarse solo, justo cuando ambas adquirían aquel semblante que ya lo había acobardado en la comisaría. Algo le dijo que su futuro no dependía de él y su integridad de lo callado que estuviera.
Un tanto confusa, Vio parpadeó pasando sus ojos de uno a otro— que te saquen a bailar… ¡que retro! —felicitó entusiasta antes de volver a adoptar su gesto contradictorio— oh…vaya… acababa de pedirle que me enseñara esto —mintió tan resuelta que hasta Damián dudó si lo había hecho.
El rechinar de los dientes de Niara fue audible sobre la música y el bullicio. No le quedaba otra que retirarse o enzarzarse con ella.
— Entonces bailaremos luego —decidió con un guiño a Damián, pronunciando su caricia, sin molestarse en mirar a su rival—. Violeta —pronunció dándole la espalda.
— Niara —le devolvió Vio con una sonrisa burlona.
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No muy lejos, Aron dejó escapar un quejido— Esta no sabe donde se mete, Niara va a vengarse —pronunció reproduciendo lo que sentía.
— No parece asustada —le reconoció Summer con todos sus respetos.
— No diría lo mismo de Damián —apuntó David entre risas.
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Damián miró paciente a su acompañante— ¿te apetece dar una vuelta? –suspiró dispuesto a atravesar la zona central.
Vio sonrió con falso arrepentimiento— lo siento… aunque no parecía que quisieras bailar con ella —se defendió dejándose guiar entre la gente, en un intento de alcanzar los atrios y las galerías interiores.
Damián se sintió terriblemente incómodo, no quería criticar a Niara abiertamente.
— No me gusta mucho bailar —se escabulló Damián soportando las picarescas miradas de sus vecinos al verlo avanzar en tan buena compañía. No le quedó otra que resignarse—. ¿Y a ti? —devolvió así supiera la respuesta.
Maquinando, Violeta respondió despreocupada a un paso de cruzarse con el tendero y la que debía ser su mujer.
— por lo general, no, depende de la compañía.
Damián iba a pedir que explicara aquello pero Violeta se desvió del rumbo para reunirse con Tadeus y Meli Caruso. Se armó de valor. A la tenderla le perdía el chismorreo y solía a crucificar a todo el mundo… a demás de interrogarlos. Por como los miraba maliciosa, iba a cebarse con la incauta.
— Sr. Caruso— saludó Violeta amable antes de centrarse en Meli con una expresión tan deslumbrante, que ni la malintencionada vecina pudo evitar sonreírle—. Soy Violeta Santana —añadió estrechándole la mano sin intención de avasallarla como había elegido para Niara.
Damián estudió aquella deferencia de trato bastante intrigado.
— Encantada querida —devolvió la mujer cómoda al contacto—. Llámame Meli por favor. Tadeus me ha hablado maravillas de ti —añadió empezando a confiarse.
Intuyéndolo, Vio amplió su sonrisa— Yo sí que tengo que hablar maravillas de ustedes —les sorprendió con su innata teatralidad que en ella hasta quedaba bien—. Me moriría de hambre sin ambos. Soy una pésima cocinera pero de verdad que sus platos son espléndidos.
Damián comprobó divertido como cualquier recelo que Meli pudiera tener hacía la foránea se extinguía.
— Bueno reina, un verdadero piropo viniendo de una joven que supongo frecuenta grandes restaurantes —expresó deseosa de que afirmara aquello.
Y Vio ni se planteó defraudarla— Bueno, sin los restaurantes también me moriría de hambre —reconoció divertida asumiendo de carencia sin el menor reparo—, y sí, me gusta comer bien, con lo que puedo asegurar que sería la envidia de muchos chefs.
Meli rió con regocijo— ¡cómo eres! —comentó entre risas antes de dirigirse a su marido—. Como dijiste un encanto.
Como nunca es aconsejable prolongar las charlas de compromiso, Vio optó por escabullirse— Bueno, el Teniente iba a enseñarme esto. Que disfruten de la fiesta.
— Igualmente —les dijo Meli a ambos con una mirada premeditada hacia Damián, antes de volver a centrarse en la joven—. Mañana prepararé albóndigas en salsa. Ya me dirá que le parecen.
Los ojos de Vio resplandecieron de júbilo— ¡Estupendo!, es uno de mis platos favoritos… no veo la hora de probarlas —resaltó entusiasta antes de un último apretón de manos que Meli eludió para darle dos sonoros besos.
— Un placer cielo —aseguró sincera.
— igualmente —se despidió Vio retomando el paseo y salvando un par de vecinos más con su cordial sonrisa, antes de adentrarse en una galería apenas concurrida y donde la música era mucho más suave.
— Enhorabuena —necesitó compartir Damián—. Una suerte que te guste tanto la comida de Meli… y las albóndigas —explicó un tanto impresionado por aquella suerte.
Vio se rió un tanto maliciosa— Igual he exagerado un poquito… y no, no me gustan las albóndigas —reconoció sincera.
Damián se sorprendió tanto por la respuesta, como por el alarde de sinceridad.
— Pues… no lo parecía… aunque has hecho bien, Meli es… —empezó a decir buscando una palabra suave que la definiera.
Vio no le dio tiempo— Una arpía —facilitó con un suspiro suficiente—. Llevaba quitándome la piel así aparecí y ni te cuento cuando me acerqué a ti. No puedo enemistarme con la gente… por mi hermana y, bueno, porque no puedo evitar quedar bien —explicó despreocupada observando el patio al que comunicaba la galería—. Vaya, que bonito —reconoció atenta a los detalles.
Damián la observaba un tanto perplejo— bueno, pues te estás luciendo con Niara —señaló metiéndose las manos en los bolsillos sin saber a qué venía aquella actitud.
Sin desviar sus ojos del conjunto natural, Vio volvió a reír— ya… eso tampoco puedo evitarlo. Soy competitiva y a ella también le va el juego… en el que probablemente termines siendo la pelota —lo avisó con su gesto más inocente de que lo utilizaría cuando pudiera para molestar a su rival.
Damián la miró desconfiado— Creo que ya soy la pelota —replicó un tanto ofendido así fuera incapaz de enojarse con ella—. ¿me estás utilizando para molestar a Niara? —necesitó aclarar.
Vio forzó aun más su estampa angelical a modo de disculpa— Un poco. Cuando llegué estabas más cerca que Caye o Eric, te recuerdo que no conozco al resto… tanto —confesó volviendo a mirar al patio para esquivar la mirada gélida que le dedicaba su acompañante—, y luego… bueno, tampoco tenía interés en conocer esto… aunque no sabía yo que podía estar tan bien —expuso sincera.
El patio interior se caracterizaba por sus jardineras y enredaderas que serpenteaban por las paredes y las columnas.
El lugar era realmente precioso.
— ¿te molesta? —añadió Violeta con normalidad, como si no viera mal en ello.
Damián no daba crédito— no sé, no es agradable ser un pelele —respondió con todo su cinismo.
Aquello hizo reír a Vio aunque al mirarlo, claramente molesto, volvió a centrarse en los jardines.
— oh vamos tú no eres un pelele…. Y tampoco te consideran así —justificó acercándose a la baranda de piedra para ver que más había por allí.
— Suele preocuparme más lo que pienso yo que lo que piense la gente —masculló frustrado por no saber cómo reaccionar. Debería estar ofendido, debería dejarla allí… pero no daba un solo paso.
Vio se sonrió— Sí, a mi también… solo que me siento mejor cuando caigo en gracia —mantuvo un tanto divertida.
Damián se dio por vencido— Eres tremendamente complicada y rara.
Influenciado por la risa de Violeta, no pudo evitar contagiarse con aquel ánimo, desterrando cualquier molestia.
—No, soy distinta a ti —puntualizó certera— y Meli Caruso dormirá mucho mejor esta noche con el piropo que le he hecho.
Damián meneó la cabeza— lo siento pero eres distinta a cualquier persona que haya conocido así que eres rara —se mantuvo con la misma franqueza.
Vio lo miró condescendiente— Ahí te equivocas. Ese estirado pretencioso que apuesto es tan amigo tuyo como de Caye, es bastante parecido… aunque el va de malo —resolvió atenta a su reacción.
No había que ser un lince para dar identidad a aquel conjunto de adjetivos y Damián la miró incrédulo.
— ¿James Saterra? —nombró un tanto despectivo.
Vio asintió conforme— no, tampoco es tu amigo —se felicitó despreocupada.
— Tú y James no podéis ser más diferentes —pronunció a modo de aviso, un tanto preocupado— Él…
Vio sonrió confiada— No te molestes —lo cortó haciéndolo callar de pura incertidumbre ante lo que fuera a decir—. Ya me he hecho una idea de cómo es con lo que me digas lo que me digas, no voy a escucharte. Tengo la idea de que en el fondo y salvo excepciones, como tú —le dedicó haciendo seña de cumplido—, la gente es falsa por naturaleza y la honestidad está sobrevalorada. De ahí no me mueves, así que, por otra parte, ni de coña me fiaría de ese.
Damián tuvo que debatirse entre la incredulidad por lo oído, el alivio por la desconfianza hacia James y, sobre todo, porque a él no lo viera falso. No tenía la menor idea de que iba a decirle. Que la atención de la joven se fuera hacia un punto a su espalda se lo puso fácil y se volvió para ver a qué se debía.
— Caye —saludó Vio despreocupada.
Caye enarcó una ceja y se contuvo de fulminar con la mirada a su hermana por embaucadora y a Damián por imbécil.
— Vio, Teniente —devolvió escueta—. ¿Puedo hablar un momento con mi hermana?
Vio adquirió un gesto desdeñoso y se cruzó de brazos entendiendo que Caye seguía cabreada.
Por cómo le sentó el gesto a la profesora, Damián supo que era momento de huir.
— Que no tenga que venir a separaros —avisó centrándose sobre todo en Cayetana.
Entrecerrando los ojos, Caye se acercó a Vio cruzándose con él— metete en tus asuntos —replicó entre dientes.
Sin polemizar, Damián salió de la galería.
Vio meneó la cabeza— Yo no le hablaría así a alguien de quien dependo para no volver a la cárcel.
— Cierra la boca Violeta —le espetó autoritaria sobresaltándola.
— ¿Aun te dura el cabreo? —replicó molesta por el susto.
Caye ordenó su cabeza— Sí, ya ves. Eres brillante tocando las narices —le estampó tratando de encontrar un modo para exponer que no la quería “tan” cerca de Damián sin desvelar el motivo.
— Y tu demasiado sentida —cuchicheó Vio sin intención de callarse.
Así le revolviera el ego, el estomago y todo, Caye dio con el modo y se armó de coraje para lo que iba a soltar.
— Tan sentida que no quiero que pisotees el corazón de nadie —recitó con dificultad dejando a la menor de piedra.
— ¿Perdón? —balbuceó Vio atónita.
Caye necesitó echar mano del sarcasmo— Sí Vio, con todo el Teniente me da pena y a ti te veo venir a leguas. Esta gente, él, no tienen ni idea de que no te interesan lo más mínimo.
Aquello no mejoró el semblante de Violeta, a un paso de descolgar la mandíbula.
— Deberías ir al médico Caye, te estás descongelando —se mofó antes de reírse en su cara.
Caye apretó los puños rabiosa— A mi no me hace gracia estúpida; si se enamora de ti cuando le des la patada en el culo adivina con quién va a vengarse —urdió consciente de que eso sería más creíble y, pensándolo bien, cierto.
Vio cesó su risa y la miró con cierta nota molesta— Eso ya es otra cosa. Por muy “estúpida” que sea ni borracha me creería que tú te preocupas por un policía.
Caye resopló cansina— No eres estúpida… salvo cuando te lo haces —resaltó lo más cerca de disculparse que podía.
Vio asintió— Lo sé.
Derrotada, Caye meneó la cabeza— De verdad Vio, así te lo pases en grande y te sirva para tu acoso y derribo con la mujer gato… no juegues con él. ¿Podrías hacerlo? —pidió desconcertada al ver el gesto divertido de su hermana— ¿Qué?
— la mujer gato. Sí, buena forma de describir a Niara —felicitó Vio.
Caye se pasó las manos por el rostro derrotista— ¿has escuchado algo de lo que te he dicho?
Vio chistó disconforme— Sí, Caye, sí. Despreocúpate, el Teniente no se va a enamorar de mí —aseguró con fastidio.
Aquello obligó a Cayetana a dejar a un lado sus reparos— ¿puedes hablar claro? No nos oye nadie —la animó suspicaz pues algo allí no le coincidía.
Vio asintió a regañadientes— Así me convenga, así Damián esté de muerte… ya sabes que hasta yo tengo principios.
— Traduce —pidió Caye impaciente.
Vio la miró molesta pero fue más clara— Lo respeto, es una buena persona y por eso a él no pienso engañarlo… con lo que no le voy a gustar lo más mínimo —sintetizó como si fuera obvio.
— ¿Me estás tomando el pelo? —se descolocó Caye sin creerse ni media palabra.
— Es igual —resolvió Vio incómoda—. También es listo y ni por asomo soy su tipo —añadió un tanto ofendida por ello— pero Niara tampoco.
Caye alzó las manos— ¿Eso significa que te mantendrás lejos de él?
Vio se sorprendió— No, eso significa que no tontearé con él —corrigió confusa.
Para Caye era algo, aunque no mucho— por favor Vio, tu tonteas de forma inconsciente…
— Como una zorra —le recordó desdeñosa.
Así se sintiera mal por la interpretación, Caye no sabía cómo arreglarlo— no me refería…
— Sí Caye, si te referías. De hecho, siempre te refieres a eso —resaltó antes de disponerse a regresar al salón— y ya que te permites el lujo de aconsejar con quien y con quien no tontear, te devolveré el favor —pronunció deteniendo su huída en la puerta del balcón—: Ojo con James Saterra, no te lo sacarás de encima fácilmente —espetó dándole la espalda.
Caye la vio marchar incapaz de moverse de puro desconcierto. ¿Cómo demonios sabía Vio lo de James?
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En una de las salas que daba a la galería, a distancia de las hermanas pero con el oído puesto, James le sonrió a Damián.
— Enhorabuena caballero andante —se mofó malicioso—. La niña bonita te aprecia.
Damián mantuvo el semblante indiferente así valorase el gesto y entendiera el arranque franco de Violeta.
— Mi turno —resaltó James con regocijo deseoso de asaltar a Cayetana.
Dejando a un lado sus pensamientos, Damián le dedicó una mirada de advertencia— No te pases.
James amplió su sonrisa— no te metas.
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Enojada, aunque sin saber muy bien con quien, Vio se tomó unos segundos para meterse en el baño de la planta, afortunadamente desierto y se miró al espejo.
— No soy una zorra.
A la gente le encantaba aquel calificativo, sobre todo a su familia. Después de Caye su padre era el que lo usaba con más ligereza y a su madre también se le había escapado un par de veces, siempre relacionado con los videos de baile, fiestas y perlas en las páginas sociales.
Podría explicarles que jamás se liaría con ninguno de sus compañeros de baile, que sus coreografías estaban muy lejos de lo que las consideraban y que no se había acostado ni con la tercera parte de los novietes que le echaban… claro que eso sería dar explicaciones, tomándose la molestia de tener una larga y pesada charla, lo que evitaba como la peste.
Las charlas largas dejan ver mucho, te acercan más a una persona… y ella quería a todos lo bastante lejos como para que no le afectaran. Ya tenía cerca a la única persona que la entendía… y solo se necesita un amigo para desahogarse. Muchos, solo trae problemas y arriesgarse a pasarlo mal si se marchan.
Más segura, más en su línea, Violeta se enderezó, se repeinó y se dispuso a regresar al bullicio.
Los enjambres de gente, la constante de guardar las apariencias, hace que uno piense en muchas cosas a la vez… con lo que no se llega a pensar en ninguna. Era reconfortante y fácil, como a ella le gustaba.
En el mismo baño, cerrada en uno de los departamentos, Ángela frunció el ceño confusa. Iba a salir pero se contuvo al oír el repiqueteo de los tacones entrando. Aquella frase la había dejado lo bastante cortada para retrasarse.
Fuera quien fuera, fuera una zorra o no, debería saber que siempre hay alguien escuchando.
En cuanto el taconeo se empezó a alejar, en cuanto tuvo claro que la extraña se había ido, tiró de la cisterna y abrió la puerta comprobando que ahora sí que no había nadie más que ella.
Sentía cierta intriga por aquella mujer de voz suave pero tampoco iba a quitarle el sueño no ponerle rostro, con lo que se afanó en lavarse las manos para regresar con los suyos e identificar a alguien mucho más interesante.
Hacía poco menos de una hora, no sabía muy bien cómo, pero de pronto la asaltó una expectación enorme hacía algo, hacia alguien, y como si el aire arrastrara los susurros le llegó un nombre: Violeta.
Haciendo rugir el secamanos eléctrico, Ángela sintió el aire templado en sus menudos dedos mientras la asaltaba una especie de presentimiento. La tal Violeta era la hermana de la profesora Santana.
Empezó a asustarse. La sensación expectante, aquellos susurros, aquella certeza de parentesco…
Una inexistente brisa movió tímidamente su melena y el frío se extendió por su cuerpo, impidiéndole sentir el aire cálido del aparato que se apagó al tiempo que las luces del baño disminuyeron su intensidad, como si de una caída de tensión se tratase.
Nítido, como si lo tuviera pegado al oído, reconoció el tintineo de un cascabel y la sugestión pudo con ella haciendo temblar su cuerpo, tanto de frío como de miedo.
Fue incapaz de emitir sonido alguno, de moverse, como si su mente se bloqueara, ante la seguridad de que había alguien más con ella, concretamente a su espalda.
De forma instintiva para comprobar sospechas, así la parte lúcida de su mente ordenase que cerrara los ojos, Ángela empleó el espejo sobre el lavamanos.
Un grito estrangulado se escapó de su garganta y, al segundo, la luz, la temperatura y el ambiente regresaron a la normalidad y el espejo no reflejaba más que a ella y el espacio desierto.
No se sintió reconfortada en modo alguno pues ponía la mano en el fuego por que había visto un fantasma. Una figura translucida un tanto más baja que ella y posiblemente femenina, aunque no tuvo tiempo ni cabeza para fijarse demasiado.
Con el corazón desbocado, aterrada, se volvió pegando la espalda a la pared junto al secador y su cuerpo se escurrió hasta quedar sentada en el frío suelo.
Por muy tranquilo que pareciera todo, seguía sin estar sola.

Siempre llego sin resuello al final de tus capítulos aquí.
Menudo cambio de una historia a otra!!!
Las escribes simultaneamente?
Besos
Podría decirse que sí. Parte ya está escrita pero siempre las edito a la vez antes de subirlas y por eso tardo tanto. Añadiendo, quitando o retocando algo, con lo que corro el riesgo de que tengan similitudes.
Besos y gracias por pasarte.